21 de junio de 2009

EL PENSAMIENTO ERRATICO

La f0tografía es gentileza de "Margarita": www.vistasdesdemiobjetivo.blogspot.com

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Lo había visto la otra vez. Entre rosado y amarillo, se asomaba insistente a través de las rejas. Ya se sabe: las rejas están para impedir el paso. Pero él no entendía. Quería colarse a toda costa y extender sus posibilidades hacia el otro lado. Además de no resultar viable tal aventura, la osadía de la mera tentativa podía costarle muy cara. El sistema de control estaba bien aceitado y funcionaba a la perfección. No pasaría.

Hoy -después del pánico anterior- lo notó menos pertinaz, pero un poco más paranoico: viraba hacia todos lados a cada instante, inquieto y desasosegado. Nadie ni nada pendían de él, sin embargo. No podía continuar así o moriría. Era imperioso hallar una cabeza que lo tuviera presente, que se ocupara de su desarrollo.
¡Qué lento pasa el tiempo cuando esperas algo! Tardó como dos días más. Ya estaba azulado y caído, no se sostenía. Afortunadamente, la vio: después de una larga semana, se acercaba por la grama con la regadera en la mano. Aún turbada por la experiencia reciente, le roció una generosa lluvia. El, luego de absorberla sediento y atropellado; agradecido, abrió todos sus pétalos y mostró una inusitada paleta de coloreado terciopelo: azul violáceo y rosa amarillento, toda una belleza en su despliegue de pobre y vanidosa flor. Los demás pensamientos cuchicheaban: “no cambia más, con tal de atraer la atención es capaz de cualquier cosa.”

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La mujer cerró el libro, no sin antes marcar la página. Todavía estaba pálida del susto y la sorpresa. ¡Casi no vuelve! Y sin embargo había seguido las instrucciones al pie de la letra: bajó la escalera imaginaria a la playa contando regresivamente del diez al uno los escalones, caminó hacia el norte, encontró un espíritu, -creía, ¡bah!- y le habló, tal como indicaba el libro. Le pidió una señal, algo que mostrara que ese ejercicio era real (total, en tren de locuras…). Hubo entonces un zumbido veloz y zigzagueante que le aturdió el tímpano derecho; alarmada, quiso incorporarse y… nada. No podía mover las piernas, ni los brazos, ni los dedos, ni la boca, ni gritar. Estaba paralizada contra su voluntad, allá en esa playa con un extraño. Sintió un miedo atroz, quiso hablar, pero no… no podía salirse de ¿otra dimensión? ¡Imposible! El terror, frío, la envolvió con harapos de una inmovilidad fraudulenta y vacía. De pronto, en la desesperación, algo pasó: lo vio a través de la reja: ahí estaba la maceta con ese porfiado pensamiento. “Ah, entonces ¡abrí los ojos!” Uf, ¡qué susto!

Basta por hoy. Aquel pensamiento se había apoderado de ella y dirigía su propio derrotero, por demás errático. No iba a dejarse dominar por un libro de esoterismo. Puso la mente en blanco y dejó que cada cual tomara su curso. Sólo ése persistía en deambular por su mapa cerebral. Se tomó un Valium y lo mató. Al otro día ya no estaba.

Nada de regresiones, nunca más.

8 comentarios:

pepsi dijo...

Turkesilla!!!!!!!!!

niña, qué recuerdos!!! buffff!
cada vez que veo pensamientos, pienso en ti!!!! jajaja, es cierto!

Lo que me rompí el coco con este escrito tuyo. Es demasiao pal body!

besazos,
pepsi

Turkesa dijo...

Hola, querida Pepsi: sí, por cierto ¡que épocas! Cuando pienso que esas "épocas" nostalgiosas sucedieron entre mayo y julio de este año, no me lo creo. Parece que hubiera pasado mucho más tiempo. En fin.

¡Ah! y no era necesario que te "rompieras el coco" jaja. El argumento es esquivo adrede, apenas otorga unas pistas insufientes para "pescar" la idea de trasfondo.
Así que próximamente editáré "Exegesis del "pensamiento errático". Y lo será. Veré como me las arreglo.
Un abrazo grande.

Esther dijo...

Confieso, amiga, que al volver a leer este relato sentí la misma admiración que la primera vez... pese a que “ya sabía” (jajajajaja). La precisión con la cual está construido el texto, tal que todas las líneas, todas las expresiones, puedan aceptarse tanto para la idea de una flor como de un pensamiento... ¡excelente!

Por mi parte, durante toda la primera parte me imaginé un pensamiento entre rosado y amarillo (¿pensamientos de colores? Me fascina), intentando llegar a mi conciente, tratando de escabullirse entre las rejas del férreo control de mi “cabecita”, para que lo piense, para que no se muera sin ser pensado..., casi muriéndose hasta que logra ser pensado, y entonces florece a todo color. !Fantástico!
(pobre pensamiento errático, virando a todos lados, inquieto, paranoico,...!señor! Que así son los pensamientos erráticos, sí, sí)

“Se tomó un Valium y lo mató. Al otro día ya no estaba” Desvastadora línea, por cierto. Cómo matar un pensamiento... eso es desvastador.

Besos compatriotas,
Esther

Turkesa dijo...

¡gracias,Esther! Esta interpretación tuya, es ... acertada, e incluso va más allá de lo que me propuse, en la línea correcta!!! Podría afirmar que la has completado, integrado, de un modo acabado, superando el alcance de sus palabras, en un alarde invaluable de compresión textual. Admirable. Te agradezco en el alma.
En serio.
Besos, amiga.

pedro dijo...

Precioso cuento, Turkesa.

¡Ah! los pensamientos: esa singularidad que la naturaleza encierra en la mente, la poderosa herramienta que utilizan las emociones, la inescrutable energía que ahonda en el mayor misterio que se pueda imaginar. ¡Y somos partícipes de él!

Lo extraño es que, normalmente, ni somos conscientes de su presencia. Es como un río que discurre formando parte del maravilloso paisaje de la vida. ¡Son tantas las cosas hermosas a contemplar! Pero la realidad es que sin el río no existiría nada de lo demás. Pues es el agua —como lo es el pensamiento— lo que nutre y anima.

¡Qué fácil es enredarse en tu prosa!

Un abrazo muy grande.

Turkesa dijo...

Hola, Pedro:
"Qué fácil es enredarse en tu prosa."
En este caso supongo que el enriedo se impone por las idas y venidas del pensamiento errático, ora flor, ora pensamiento como tal.

Este cuento es fruto de un experimento que hice y que no pienso repetir, jaja.

Verás, andaba yo en una librería céntrica haciendo tiempo para encontrarme con alguien, cuando un libro me llamó la atención: la tapa mostraba la foto de un teléfono público con el título de: "Cómo comunicarse con los espíritus." ¡Jajajaja! Me hizo gracia. Igual empecé a hojearlo medio desganada, para acabar leyéndolo con voracidad. Hablaba de chamanes, de espíritus guía, y de cómo contactarlos. Proponía un ejercicio, supongo que conocido, pero no para mí, que me resultó toda una novedad.
El ejercicio consistía en relajarse -has visto, vas relajando cada parte del cuerpo-, luego indicaba imaginar que uno desciende por una escalera hacia una playa, contando del diez al cero los escalones, a medida que baja. Seguía instruyendo que uno debía encaminarse hacia la orilla del mar en el marco de un día de temperatura ideal. Una vez allí, pasear por la costa hacia el norte. Si se distinguía un punto a lo lejos, podía ser el espíritu guía de uno. En tal caso, aconsejaba hablarle, tratar de retener detalles de su vestimenta y rasgos físicos y de ser posible, formularle las preguntas que uno quiera; como por ejemplo, quien es, si se han cruzado en otras encarnaciones, etc, etc. Yo te estoy contando lo que me leí, no digo que comparta estas creencias, Pedro, ¿eh? Ni que tampoco aborrezca de ellas.
El asunto es que lo hice, bien callada la boca y sin decírselo a nadie, por verguenza o temor al papelonote... Tan bien lo hice, que me entusiasmé, y repetí.
Para el tercer encuentro con mi personaje o espíritu guía (yo renegaba de darle este "título"), mi curiosidad ya estaba satisfecha -aunque medio no me lo creía-, pese a que... Bueno, el tema es que se me ocurrió decirle a mi "espíritu guía" que me intrigaba conocer qué tan cierto era ese sitio donde estábamos, así como toda esa experiencia. Al toque, me agarró exactamente lo que digo en el cuento: un terrible zumbido en el oído, nunca experimentado antes, y me asusté mucho. Sin pensarlo dos veces me quise salir de la experiencia pues además me agarró una sensación de ingravidez... Quise pues abrir los ojos ¡y no pude! Quise hablar, gritar ¡no podía! No podía mover las piernas, ni siquiera un dedo, ni la boca, ni gritar, ni hablar, ni nada de nada... Me sentí atrapada en... no sé... otro lado. Y me aterroricé, pues no podía moverme, aunque sí podía pensar claramente, con la claridad suficiente como para pegarme un sustazo inolvidable. En eso andaba, medio muerta de miedo, cuando a través de mi ventana vi una flor, un Pensamiento que vivía en el tiesto del alféizar. ¡Qué alegría me dio verlo! Deduje que había podido abrir los ojos, y sí. Había vuelto en mí, o a mí, o a mi casa.
Enseguida me incorporé y fui al jardin a regar las plantas. Especialmente, a los pensamientos, las flores.
Mientras me entregaba a tan casera y tranquilizadora actividad, me juré nunca más meterme a hacer cosas que no entiendo; mucho menos hacerme la canchera creyéndome que "total no es nada". Y regué aquel pensamiento, el que me avisó que estaba de vuelta, con especial cariño.

He aquí la explicación más o menos suscinta del hecho que inspiró este cuento.

(Ahora que lo pienso, tal vez vuelva a intentar una excursión de esas, jeje, tengo nuevas preguntas... Es broma)

Gracias Pedro, por bancarte esta cháchara que no has solicitado.

Un abrazo grande.

pedro dijo...

Resulta, querida Mónica, que al igual que tú, un día en que aún no contaba con diecisiete años, hice algo parecido. La idea era la de iniciar un viaje astral, cosa por aquel entonces muy de moda. Después de seguir el protocolo del relajamiento y la cuenta regresiva, había que imaginarse en medio del espacio exterior, en un punto entre la tierra y la luna. Así lo hice, y me llevé el mayor susto de mi vida. ¡No exagero un ápice!

Sentí que dentro de mí se abría un agujero por el que empezaba a caer. La sensación fue tan potente y real, que empecé a sacudir mi cuerpo procurando salir de semejante trance. Me dijeron que nunca lo conseguiría —el viaje astral— pues, el miedo, había creado una barrera psicológica imposible de franquear. He de reconocer que algún tiempo después lo intenté, pero llegando a un punto cercano al de la primera experiencia, mi corazón galopaba preso de fuerzas incontrolables.

¡Qué lejos y cerca estamos unos de otros! ¿No es así, mujer que huele a mar?

Turkesa dijo...

¡Hola, Pedro!

Uff... Qué experiencia la tuya. Claro que a los diecisiete uno hace cosas increíbles. Se delira la vida; te quieres beber el mundo en un instante, nada parece imposible de alcanzar. Bueno, jeje, ¡tú lo hiciste! Te creo. Totalmente. Porque, en fin, debo ser nomás medio inmadura, ya que esto yo lo hice, siendo más -muy mucho más- crecidita. ¡Jaja! (No sé de qué me río, ¿eh? Es mi manera de conjurar aquellas cuestiones que me exceden, o me causan aprehensión). Lo cierto es que luego de esa experiencia me informé debidamente, y no es que no
se pueda, pero dicen que el ejercicio debe hacerse guiado por un terapeuta que sepa conducir la experiencia, para ir y volver sin drama.
Hay quienes se ocupan de regresiones, tanto hacia los tiempos primeros de esta vida, como de vidas anteriores. Pero mira si seré cobarde, que
enterré la experiencia, y nada... Nunca más. Y eso que recibí
información bastante perturbadora en cuanto a lo que fui, si uno se
sube al tren de encarnaciones, vidas pasadas y todo eso. La verdad,creo que me dio ¡un miedo terrible!
Supongo que alguna vez intentaré otra vez la experiencia, pero en manos de una guía bien profesional, por las dudas de las dudas... Es que yo no creo en ¿brujas? -u ¿otras dimensiones?- pero que las hay... ¡las hay!

"Me dijeron que nunca lo conseguiría —el viaje astral— pues, el miedo,había creado una barrera psicológica imposible de franquear."
Claro, amigo, cómo ibas a poder lograrlo, luego de semejante
experiencia! Te bloqueaste, te bloqueas y te bloquearás, me atrevo a predecir -porque sé lo que se siente-, salvo que lo intentes con un guía, un sicólogo o algo así. Alguien que te conduzca. Que pueda traerte de vuelta. Hacerte regresar. De todas maneras, me han dicho que no pasa ná.., a excepción de tremendo susto. Que siempre se vuelve. Peroooo... ¡para qué confirmarlo! (jaja) Por las dudas, yo intentaría con otra persona cerca que sepa del tema, de la hipnosis y toda esa música.
Es que hay gente que tiene más facilidad que otra en ingresar a ese estado de relajación donde todo es ... flotante. Yo, seguro: de inmediato estoy dentro. ¿Pura inconsciencia...?

Es un tema apasionante, ¿no?
Capaz un día escribo la experiencia en sí. Tú, piénsalo, tal vez sea interesante que escribas la tuya.

Un abrazo, Pedro. (Vos siempre llegando más allá de lo
pretendido. ¡Menos mal que no te llevas con las herramientas de
internet! ¡Jaja!)

Pd: "Mujer que huele a mar"... Qué cosas más bonitas y encantadoras se
te ocurren.Mientras leo esto, casualmente se dejan caer los sones
de "Zorba el Griego" por el teclado medio aturdido entre la música y tus palabras. Lo que se dice... Un buen momento. ¡Gracias!